Pequeñas Victorias

Pequeñas Victorias
No importaba el escenario ni el caos alrededor. Esa tarde dorada de enero, Cartagena estaba colapsada de turistas, pero ellos parecían no darse cuenta de nada. Rubén no lograba resistirse a ninguna de las carcajadas de Manuela. Bastaba que ella riera para que todo lo demás se volviera secundario.

La intimidad que construyeron fue tan natural que el mundo exterior dejó de ser una amenaza. La multitud, el calor, el desorden… nada interrumpía ese pequeño universo que se abría entre ellos.

Muy pocas veces posaron realmente frente a mi lente. La mayor parte del tiempo simplemente fueron ellos mismos, como si estuvieran solos dentro de una atmósfera magnética que sólo ellos sabían habitar.

Rubén, admirando a Manuela, sonreía poco.
Y precisamente eso provocaba en ella una sonrisa aún más grande.

Cuando terminé el trabajo entendí que algo distinto había ocurrido.

Me descubrí revisando las fotos una y otra vez, sin razón técnica, sin intención profesional. Sólo para volver a ese lugar. A esa energía. A esa verdad que no se puede dirigir ni repetir.

Manuela es dulzura en movimiento. Encantadora. Con ese acento paisa que convierte cualquier frase en una invitación imposible de rechazar. Tiene una luz tranquila, de esas que no necesitan imponerse para ser notadas.

Rubén es otra historia.
Es un personaje, risa contenida, es aventura mal disimulada. Es torpeza bonita, valentía discreta, amor evidente. Y, sin duda, vive ligeramente administrado por ella… con todo el gusto.

Tal vez eso fue lo que vi.
Y pensé: esto también es una victoria.
Pequeña, silenciosa, invisible para muchos…
pero inmensa para quien intenta atrapar lo que no se puede fingir.

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Comentarios

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Mey 12 de January, 2026

Dan ganas de estar enamorado solo con leer lo que escribiste
Y las fotos?
Divinaaasss
Definitivamente algún día harás mis fotos con mi amorcito en cartagena

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